Cosas pequeñas.

– Cosas pequeñas.
– ¿Cosas pequeñas? Un colibrí,
una paleta, un guaraní.
– ¡No! No es eso lo que busco.
– ¿Tal vez algo de magia? Un truco pequeño. Puedo
desaparecer el sol, bajarte la luna y las estrellas…
– ¡No!
– ¿Entonces? ¡Ya sé! ¿Qué tal una oración,
una palabra, una canción?
– No lo sé…
¿Tal vez algo más? ¡Un haikú! Uno tan hermoso como este:
Sombras de luna
transporta aquel fantasma
de la locura.
– No…
– ¿No? ¿Qué tal un microrrelato? Te helaré el alma como con este que dice así:

“El cuchillo vuelve a su lugar.
Y mientras mi sangre escapa gota a gota,
pregunto: ¿No gustas más?”

– Por ahora tampoco. Veo que tu anuncio miente. No eres recaudador de sonrisas. Y tampoco puedes cumplirlo todo.
– Lo que pasa es que no lo pides bien. ¿Cosas pequeñas? ¡Bah! Una sonrisa, la lágrima de tu último desengaño, mi sueño más profundo, el cantar de un corazón…
– ¡Exacto! Sí, es eso lo que busco.
El hombre toma una hoja de papel, anota algo sin que la joven se dé cuenta, dobla la hoja ocho veces y hace algunos pases mágicos exagerados. Toma su mano delicadamente hechizándola con su mirada, coloca el papel y luego desaparece.
Emocionada, ella abre el papel, sonríe y se aleja.
El papel cae de su mano y se puede leer:
“¿Cosas pequeñas? Una sola… Nuestra ilusión.”

Santa Cassandra Aguilera Hernández (SCAH)

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