Un, dos…

Imagen

 

 

Cierro los ojos por enésima vez esa noche.

Su figura silenciosa se coloca junto a mí inmediatamente y me acaricia con timidez en un intento, lo sé bien, de tranquilizarme.

Me estremezco y siento como mi pelaje se eriza, aún sin abrir los ojos trato de alcanzar su mano calmada para perforarla con mi bien provista dentadura. Se encuentra muy nerviosa y sé que desearía no estar junto a mí, pero ambos sabemos que no hay otra opción. Desperezándome comienzo a caminar a lo largo y ancho de esta especie de jaula, intentando olfatear la salida. Aún sin abrir los ojos estoy consciente de donde se encuentra y aunque puedo atacarla, no lo hago todavía.

-Un, dos, un, dos, un, dos, un, dooos- recito con la esperanza estúpida de calmarme. Lo veo venir, me rasga la piel y no hago nada… – Un, dos, un, dos, un, dos…- Ya no puedo soportar la voz en mi cabeza, pica y arde, como si fueran insectos, él es uno grande y asqueroso. Lo voy a aplastar, lo voy a aplastar… No puedo comprender, no puedo- Un, dos, un, dos, un, dos… – todo sería más fácil si no diera vueltas y vueltas en esta prisión – Un, dos, un, dos…-

La ira es caliente e invade mi ser. ¿De dónde proviene la vocecita? Del lugar no nombrado en mi cabeza. ¿Quién ha puesto un espejo aquí? Quiero arrancarme la piel a tiras… ¡Oh! ¿Qué miro? Es a través de sus ojos que veo, es a través de sus manos que siento y es a través de sus labios –un, dos, un, dos- que puedo expresarme. ¡Si tan sólo supiera salir del encierro! ¿Dónde dejé mis garras y mi pelaje? – Un, dos, un, dos…-

Dicen que siempre voy de la mano del amor, yo sólo digo que cierres los ojos porque estoy junto a ti, en cada palabra, en cada acción, murmurando a través de las voces de los condenados.  ¿Te gustan las batas blancas? ¿Qué tal unas largas vacaciones? Azótate contra las mullidas paredes, ellos dicen que no puedes salir.

Jamás escuches a la adivina de la feria si mi figura sale en el arcano poder de sus cartas, yo no pronostico más que dolor en abundancia.

¿Quieres salir de aquí? Sólo busca la llave y la salida del laberinto que está en tu cabeza. Ambos sabemos que amas la irrealidad. ¿Quién soy? Un vano fantasma, el trozo de alma que te fue arrebatado el día de tu nacimiento. ¿Quién eres? Los hombres de blancas vestiduras hablan mucho detrás del cristal. ¡Silencio! ¿No los escuchas?

Estaremos juntos mucho tiempo. ¡No me arranques la piel! ¿Qué haces con tus ojos? Me gusta vivir en tu cabeza, alimentarme de tus pensamientos y vomitarlos a través de tus labios.

¿Quién soy? ¡Shh! No respires mi nombre. Sé obediente y asfíxiate con las pastillas de colores.

¿Dónde dejaste las garras y mi pelaje? – Un, dos, un, dos, un, dos…-

Santa Cassandra Aguilera Hernández (SCAH)

Anuncios