Reseña de El alienista (Caleb Carr)

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Nota: Antes del siglo XX, a las personas que padecían una enfermedad mental se les consideraba <<alienadas>>, apartadas no sólo del resto de la sociedad sino de su auténtica naturaleza. Por tanto, a los expertos que estudiaban las patologías mentales se les denominaba <<alienistas>>.

Nueva York, 1896. John Schuller Moore, reportero de sucesos del New York Times, recibe la llamada de un antiguo compañero de Harvard, el famoso alienista Laszlo Kreizler, quien le cita en el escenario de un horrible crimen.

Theodore Roosevelt, director de la policía de la ciudad, solicita la colaboración de ambos amigos para indagar el crimen, una atrevida iniciativa, pues el alienista – médico especializado en la curación de las enfermedades mentales – es visto con desconfianza por una sociedad conservadora, que considera que un asesino nace y no se hace. A ellos se unen Sara Howard, primera mujer que trabaja en la comisaría, y los hermanos Isaacson, quienes son pioneros en las nuevas técnicas de investigación.

Mientras este grupo, que lo ignora todo acerca del asesino, procura trazar su perfil psicológico, el asesino parece conocerlos perfectamente.

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El precio de una vida (Violet Winspear)

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“Perséfone, hija de Zeus, -pensó ella -, estaba recogiendo flores silvestres cuando llegó Plutón, Señor de las Tinieblas, y, agarrándola por la muñeca, dijo que tenía que ser suya.”

¿Te casarías con un hombre al que no amas para salvar a otro que ni siquiera es tu verdadera familia?

Ravena Brenin es una joven alegre, orgullosa y decidida. Conoce entonces a Mark di Curzio, hombre de gran atractivo que fue víctima de un brutal accidente que dejó huellas en su cuerpo y… en su alma. Se entera entonces de un terrible secreto que involucra a una de las personas que más quiere en el mundo: Rodrigo Brenin, hijo de su tutor, y que, de saberse traería horribles consecuencias.

Debido a ello, termina casándose con il signore di Curzio. Sin embargo, no puede esconder la profunda aversión que experimenta hacía él lo que ocasiona un tremendo choque entre ambos debido a su orgullo.

¿Puedes amar a la persona que juraste odiar?

Ravena debe aprender a desenvolverse en el ambiente de Mark, lejos de su casa y las personas que considera su familia. Debe aprender a lidiar con los fantasmas del pasado y con los del presente, que insisten en embrollar su vida. Sorprendida, descubrirá que si existe algo verdaderamente impredecible e indomable, ese algo es el corazón humano…

Tomé por accidente el pequeño libro, sus hojas amarillentas me indican que podría llevar años ahí oculto, a la espera de alguien. Lo agarré por curiosidad y lo abrí con algo de desconfianza. Me atrapó desde las primeras palabras debido a la sinceridad con la que están trazados sus personajes y la sensibilidad que se desprende de sus respectivas personalidades. Lamentable o afortunadamente terminé innamorata de Mark di Curzio.

Te invito a descubrir una de las múltiples caras del amor, grabada en dos personajes nacidos del fuego, narrada con delicadeza, sencillez y una sutil inocencia que conmoverá tus sentidos.

Santa Cassandra Aguilera Hernández (SCAH)

Reseña de El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie.

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“Nadie dice enteramente la verdad. Las personas no son buenas o malas por completo, las circunstancias cambian, la realidad es algo que fluye, nada es definitivo.”

Miro por la ventana de la habitación asustada. Un hombre de edad avanzada y aspecto pomposo pasea a lo largo de la habitación examinándolo todo con su mirada aguda y penetrante.

En el fondo de la habitación, justo enfrente de un elegante escritorio, se encuentra el cadáver de un hombre que horas antes rebosaba salud. Se trata de Roger Acroyd, uno de los hombres más ricos del poblado, el cual se había enfrentado a duros golpes en los meses anteriores.

Inmediatamente las sospechas recaen sobre Ralph Paton, hijastro del primer matrimonio de Ackroyd, quien había tenido continuas desavenencias con él debido a su carácter y costumbres.

Ralph Paton, por cierto, se encuentra comprometido con la señorita Flora Ackroyd, sobrina del fallecido,  una de las últimas (o eso se dice) que lo vio antes de su muerte. La miro de arriba abajo, evaluándola, considerando la posibilidad de que ella… pero me devuelve la mirada con franqueza y algo de altanería reflejada en su hermoso rostro.

Al parecer no soy la única que observa a la señorita Acroyd ya que sorprendo al capitán Blunt, amigo del señor Acroyd, mirándola con tal intensidad que parece como si quisiera comprobar su inocencia. Al darse cuenta de mi escrutinio se sonroja y finge platicar con Raymond, secretario del  hoy occiso, quien me lanza una sonrisa deslumbrante.

Un poco descolocada fijo la vista en una señora de aspecto desagradable a pesar de su apariencia distinguida. Farfulla nerviosamente y mira a todos lados. Se trata de la señora Acroyd, cuñada del fallecido, la cual se apresura a llamar al mayordomo de la familia, Parker, quien se encuentra también presa de momentos de agitación.

Me fijo, por último, en un hombre de aspecto tranquilo y sereno, el único que parece sincero de ahí. Hablo, claro está, del dr. James Sheppard, médico y amigo del muerto, quien parece profundamente triste.

El hombre de edad avanzada termina su paseo por el cuarto. Se para muy recto, casi como un militar, lo que le da un aspecto realmente pomposo. Señala con el dedo a todos y cada uno de los que se encuentran ahí y dice: “Si tienen algún secreto relacionado con este caso confiesen. De lo contrario… bueno, monsieur Poirot siempre se entera de todo. Sólo recuérdenlo.”

Asustada abro los ojos y doy tal respingo que el libro cae de mi regazo, abierto en la página donde se encontraba mi separador que salió volando debido a mi salto. Mientras lo levanto con cuidado y lo coloco en la mesita de noche, pienso en Agatha Christie y su maravillosa capacidad de desarrollar el ambiente y los personajes para mantener en vilo al lector por horas, días, semanas, meses, años…

Con una vaga sensación de irrealidad me quedo pensando: Todos tenían una razón para asesinarlo, ya fuera dinero u otras cosas. Pero ¿quién lo hizo en realidad? Te invito a descubrirlo en compañía de Poirot

Santa Cassandra Aguilera Hernández (SCAH).

Cierro los ojos y te miro.

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La luz de la luna se filtra por la ventana del cuarto mal iluminado. Dando un suspiro me acerco más a ella mientras sujeto el pequeño libro con firmeza. Mis ojos cansados recorren línea tras línea, página tras página, hasta que llego a la hoja final, que me recibe con un sabor dulce en los bordes.

Suspiro nuevamente y me tiendo sobre la cama dejando el libro a un lado. Mis ojos no han terminado de secarse después del último relato, así que miro al cielo a través de la ventana, intentando retener esa sensación jubiloasfixiante que acompaña el término de un libro, la despedida de su contenido que siempre me deja alegremente adolorida.

Cierro los ojos y esbozo una ligera sonrisa mientras pienso cuál será la siguiente víctima de mi bien proporcionada vista: Jorge Hernández, Pablo Neruda, Benedetti, García Márquez, Julio Cortázar, Lilia Rosa… la lista es extensa, pero eso me causa más alegría que miedo, tal vez haya perdido la cordura, como sea, no creo necesitarla.

Doy la vuelta y me acurruco dispuesta a dormir, la elección es mejor que la haga por la mañana, con una caliente taza de café en la mano.  Despierto sobresaltada horas después al escuchar un suspiro, a lo largo de toda la habitación una serie dispuesta de huellas hechas con cal se encuentra perfectamente distribuida.

“¿Eva?” pienso confusa, me levanto llamándola sin cesar, recorriendo cada parte de mi pequeño apartamento hasta que vuelvo a llegar a mi habitación. Me dirijo al armario que no para de temblar violentamente, y lo abro decidida a terminar por fin con sus juegos. ¡Cuál no es mi sorpresa al encontrarme ante una réplica exacta de la Muchacha en la ventana!, obra de Salvador Dalí, acompañada de una mujer que escribe sin dejar de sollozar, y que, al percatarse de mi presencia me dice: “¿se habrá acordado de mí alguna tarde lluviosa en París? Cierro el armario con la certeza de estar alucinando y retrocedo un poco llevándome las manos a la cabeza.

Una niña pequeña me toma de la mano mientras me pide que no deje a su abuela encerrarla en un convento. Asustada, la suelto y echo a correr fuera de ese recinto de la locura, ya en la salida me doy de bruces con dos mujeres tomadas de la mano, las cuales me sonríen y penetran en el cuarto como si nada. Atónita las observo besarse con ternura mientras Carmen – que no deja de susurrar algo de un pájaro extraño – entra seguida de una mujer con un agujero enorme en el pecho.

He pensado mandar un mensaje con urgencia a Elvira Aguilar para informarle que los personajes de sus cuentos se han escapado de sus páginas, como muestra de rebeldía absoluta, y han venido a poblar mi casa y mi cabeza.

¡Ah, se me olvidaba! Cierro los ojos… y te miro. Sí, a ti, que debes estar creyéndome una desquiciada al tiempo que te recargas suavemente en el respaldo de tu asiento, sintiéndote a salvo de mujeres y fantasmas.

 Santa Cassandra Aguilera Hernández (SCAH)

La Huésped.

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“Mi cuerpo es mi hogar,

mi caballo, mi sabueso.

¿Qué es lo que haría

si lo perdiera?

(…)

¿Cómo sería

yacer en el cielo

sin techo ni puertas

ni otros ojos que el viento;

con una nube para cubrirme,

cómo me esconderé?”

 Aburrida doy vueltas y vueltas sin parar, en busca de algo interesante que cambie el panorama de mi día. Rememoro fragmentos de la película vista el día anterior, más por obligación (debido a que se habían acabado las funciones de la que quería ver) que por gusto, y recuerdo que está inspirada en un libro.

 Tecleo el título con poco interés e intento descargar el libro, pero me resulta imposible. Exasperada, entro al enlace que considero mi última opción y lo encuentro.

 La singular sinceridad de la protagonista me toma por sorpresa, así que sigo cada una de sus aventuras y pesares con curiosidad creciente. Como en casi todas las novelas, la indecisión amorosa es uno de los ejes principales. Aunque en este caso, se soluciona con la introducción de otro elemento masculino, dando una salida demasiado fácil.

 El hecho de que la autora sea Stephanie Meyer no es un factor determinante en mi decisión de conocer el libro, a pesar de la fama que últimamente se ha acarreado por su saga de vampiros luminosos: Twilight. Se nota una evolución en el desarrollo de sus personajes, los cuales se muestran más redondos, a diferencia de los pertenecientes a la saga mencionada anteriormente.

 También me llevó a cuestionarme: ¿Qué sentiría si un ser se apropiara de mi cuerpo y no pudiera impedirlo? ¿Qué haría? ¿Cómo me libraría?

 Mismas cuestiones que se plantea Melanie Stryder, luego de que una raza alienígena se apodere de los cuerpos de los seres humanos. La alienígena que se apropia de su cuerpo y que recibe el nombre de Wanda, tendrá que prepararse para enfrentarse a la intensidad de las emociones humanas, mientras se ve embarcada en la búsqueda de los seres que ama Melanie, y que ahora son lo más importante para ella. En el camino conocerá lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Además de la intempestiva aparición, de un joven de ojos violeta que tiene la determinación de mostrarle el lugar al que verdaderamente pertenece.

Sé que tal vez no es el gran descubrimiento del siglo, pero manifiesta ciertos temas a tomar en cuenta, y que, al menos a mí, me llevaron a reflexionar.

He de confesar también que, desde entonces, aún espero a que Ian irrumpa en mi vida, con el violeta de sus ojos como cielo y morada.

 

El artista y su cadáver

Imagen Mi primer acercamiento fue accidental, tropecé con él mientras buscaba una distracción de los dulces momentos en compañía de un ser ahora inexistente. El título y la portada llamaron instantáneamente mi atención debido a mi escabrosa imaginación: “El artista y su cadáver” leí intentando vislumbrar un poco más, pero nada. Una sencilla y vaga revisada me convenció de tomarlo al momento. Los relatos, historias o como quieran llamarlo que residen aquí tienen la cualidad de apelar a alguna escondida fibra en el alma, a aquella parte que no nombramos por miedo a ser descubiertos. Aún sigo esperando a que sus sombras me visiten como cada noche.

SCAH

Ninguna eternidad como la mía

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Dicen que las pasiones cortas y tal vez hasta efímeras son las que dejan la huella más profunda en el alma, las que excavan y se asientan más hondo en el corazón. Isabel Arango es una joven apasionada que viaja a “la ciudad que despierta a dos mil metros de altura bajo el augurio de dos volcanes” para aprender a bailar. En la danza descubre un motor para su existencia y para desbordar la pasión que lleva en el alma, y es ésta la causa de que, una noche, se asome al abismo a través de los ojos del poeta Javier Corzas.

Casi como un ritual suelo leer cualquier libro de Ángeles Mastretta que llega a mis manos. Ella tiene la capacidad de lograr protagonistas fuertes, decididas, apasionadas, con las que suelo identificarme a menudo. Siempre que me sumerjo en el amplio océano de sus narraciones descubro cosas que no conocía y me atrevo a nombrar aquellas que subyacen en lo más profundo de mí. Aún estoy en la disyuntiva, no sé si me atrevería a desear un amor como el que plasma en sus novelas… dudo que mi corazón pudiera resistirlo.

SCAH